Sexto Domingo del
Tiempo Ordinario
14 de Febrero de 2021
Todo lo que hagan ustedes, sea comer, 
o beber, o cualquier otra cosa, 
háganlo todo para gloria de Dios.
— 1 Corintios 10:31 —

ENTREGANDO EL CONTROL

 

Con el Evangelio de hoy se termina el primer capítulo de Marcos, el cual sigue la expansión rápida del ministerio de Jesús. El entusiasmo por Jesús aumenta tanto que él no puede entrar a un pueblo sin que sea asediado. La curación del leproso resultó en un cambio, el leproso, que se había aislado de la comunidad, tiene ahora la libertad de hablar con quien quiera. Jesús que antes podría hablar libremente, ahora debe aislarse de las multitudes. Al servir a los demás, Jesús perdió el control sobre su ministerio. Esta es la primera indicación de lo que pasará después en Marcos. La manifestación del poder de Jesús sobre las enfermedades, los espíritus inmundos y la naturaleza; con el tiempo lo llevarán a la “impotencia” de la cruz.
La experiencia de Jesús nos guía en nuestro propio esfuerzo por servir. Entregar el control a menudo es muy difícil. Ser un siervo es comprometerse con los demás, donde frecuentemente perdemos algún control sobre nuestras libertades, tiempo y energías. A menudo hay una o dos cruces que tenemos que cargar. Mientras Jesús dejaba el control de su vida, él también depositaba su confianza en su Padre. Él nos invita a hacer lo mismo.

PARA LA GLORIA DE DIOS

 

En el pasaje de la primera carta a los corintios, Pablo concluye sus reflexiones extensas sobre una variedad de temas de la vida cristiana, resumiendo con “todo lo que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios”. Más allá de los problemas específicos que él presenta, Pablo invita a sus oyentes a profundizar, a considerar la orientación primaria de la vida en Cristo. Vivimos “para la gloria de Dios” cuando organizamos nuestra vida alrededor de los valores y propósitos de Dios. Encontramos nuestra identidad dentro de la historia de Dios como se describe en las Escrituras. Estamos llamados a unirnos a la obra de Dios en el cuidado de los demás. Al igual que Pablo, luchamos con muchos problemas difíciles que surgen del desorden de la vida diaria. Al acercarse la Cuaresma, podríamos solicitar tiempo para reflexionar en cómo el desorden de nuestra vida se conecta con nuestra identidad y vocación.

Lecturas de hoy: Lv 13:1–2, 44–46; Sal 32:1–2, 5, 11; 1 Cor 10:31 — 11:1; Mc 1:40–45

 


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Oración de los Fieles
Sexto Domingo del Tiempo Ordinario

 

El reino de Dios está cerca; recordemos a todos los que necesitan de su presencia salvadora y bondadosa.

Por nuestra santa Iglesia, para que seamos agentes de reconciliación y unidad en un mundo dividido por innumerables barreras, roguemos al Señor. 

Por todas las naciones, para que se termine la violencia entre ellas y en nuestras propias comunidades, y para que se eliminen las armas de guerra y de violencia, roguemos al Señor.

Por cada uno de nosotros, para que nuestra vida proclame con entusiasmo la asombrosa obra salvadora de Dios, roguemos al Señor. 

Por los médicos, enfermeros y todas las personas que trabajan con los enfermos llevándoles esperanza, salud y consuelo, especialmente durante esta pandemia, roguemos al Señor. 

Por todos los que prestan servicios a nuestra comunidad como los primeros que responden a las tragedias y los desastres, especialmente durante estos tiempos difíciles, y por sus familias y seres queridos, roguemos al Señor.

Para todos los enfermos, por todos los que sufren de COVID-19, y por todos los que han muerto, especialmente N., N., y N., roguemos al Señor.

Elevemos en silencio las oraciones que guarda nuestro corazón, tanto las que hemos expresado verbalmente como aquellas que han quedado en nuestro interior, roguemos al Señor.

Dios nuestro,
tu Hijo Jesús rompió las cadenas del pecado y de la muerte.
Guíanos y ayúdanos a derribar las barreras
que no nos permiten vivir en plena armonía con nuestro prójimo.
Dígnate concedernos lo que pedimos,
según tu santa voluntad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


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                        ( Febrero 7, 2021)

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Lecturas de Hoy

Primera lectura — El leproso habitará solo, fuera del campamento (Levítico 13:1-2, 44-46).
Salmo — Perdona, Señor, nuestros pecados 
(Salmo 32 [31]).
Segunda lectura — Haz todo por la gloria de Dios; sean imitadores de Cristo (1 Corintios 10:31 — 11:1).
Evangelio — Jesús, después de haber curado a un hombre leproso, le pide que no se lo cuente a nadie 
(Marcos 1:40-45).
Salmo responsorial: Leccionario Hispanoamericano Dominical © 1970, Comisión Episcopal Española. Usado con permiso. Todos los derechos reservados.

Lecturas de la Semana

Lunes: Gn 4:1-15, 25; Sal 50 (49):1, 8, 16bc-17, 20-21; 
Mc 8:11-13
Martes: Gn 6:5-8; 7:1-5, 10; Sal 29 (28):1a, 2, 3ac-4, 3b, 
9c-10; Mc 8:14-21
Miércoles: Jl 2:12-18; Sal 51 (50):3-6ab, 12-14, 17; 
2 Cor 5:20 — 6:2; Mt 6:1-6, 16-18
Jueves: Dt 30:15-20; Sal 1:1-4, 6; Lc 9:22-25
Viernes: Is 58:1-9a; Sal 51 (50):3-6ab, 18-19; Mt 9:14-15
Sábado: Is 58:9b-14; Sal 86 (85):1-6; Lc 5:27-32
Domingo: Gn 9:8-15; Sal 25 (24):4-9; 1 Pe 3:18-22; 
Mc 1:12-15

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Fiesta de la Fe
Estar de pie en la liturgia


Esta es quizá una de las posturas más significativas en cuanto que nos remite directamente a la libertad gloriosa de los hijos e hijas de Dios mediante el sacramento del Bautismo. Son los hombres y mujeres libres quienes están de pie; es la Iglesia peregrina, que camina por este mundo y va de camino al Padre, a su principio y fin; es el pueblo sacerdotal, que como comunidad sacerdotal permanece de pie en su oración; es el pueblo de Dios que ofrece un sacrificio de alabanza y que por ello está de pie, dispuesto no sólo a celebrar esa Nueva Alianza, sino a permanecer de pie. En última instancia, estar de pie, es signo de resurrección, por ello es que ya no somos esclavos, sino libres. Es así que por medio del Bautismo nos hacemos compañeros de un Reino que prescinde de las armas y la violencia y que como elemento principal tiene la proclamación de la Buena Nueva. Por la misma razón, confesamos nuestras culpas de pie, para que Dios nos reivindique en el perdón; cantamos el himno del Gloria, proclamamos el Credo, presentamos nuestras ofrendas, oramos el Padrenuestro, comulgamos y recibimos la bendición. Somos el pueblo de Dios.
— Miguel Arias, Copyright © J. S. Paluch Co.

Velas / Cirios del

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Sandra Gutierrez

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